Érase una vez:
Lo que parecía una gran idea para reducir costes a inicio del siglo, era una estructura donde solo era importante la marca, todo lo demás podía ser subcontratado. La ingeniería, la gestión de las plantas, los componentes, esto generó un gran crecimiento de los productores Tier-1, así como centros tecnológicos e ingenierías de industrialización y diseño que se quedaron con gran parte del conocimiento técnico y experiencia. Solo había que amortizar los motores térmicos, la maquinaria de relojería más “perfecta” jamás realizada, los TDI, HDI, CDI, JTD…
Luego, en una carrera hacia la eficiencia económica, se comenzaron a entablar colaboraciones y fusiones de compañías
europeas, americanas y japonesas en plataformas mundiales. Se comenzó a crear modelos que compiten
entre ellos intentando ser diferentes por fuera, pero iguales por dentro,
vehículos sin alma; Alfa Romeo que son Peugeot, Fiat que son Jeeps, Audi que
son Seat, Škoda que son Volkswagen, Mercedes que son Renault o Nissan o miles
de furgonetas de variados aspectos que son la misma por dentro y por fuera son Citroën
o Toyota. Pero la maquinaria del reloj se quedó obsoleta y comenzó a necesitar ser
más compleja y ya sin la ingeniería, acabó siendo de peor calidad y a hacerse
en China.
Finalmente, lo que cuestan ahora los vehículos no parece estar alineado con la eficiencia perseguida, sino parece mas un sobrecoste artificial, fruto de las drásticas leyes europeas anticontaminación y la necesidad de
vender un VE que no despega en UE.
La idea es resucitar marcas, ya amortizadas, a base de corta y pega o
regresar al sabor de modelos icónicos de hace 40 años en forma de VE. Se han
realizado fusiones con colaboradores tecnológicos y compra de otras compañías con
tecnología propia, con las que esperan obtener un revulsivo para la propia
perdida de conocimiento en las nuevas tecnologías de manufactura, en un intento
desesperado de alcanzar a los asiáticos y americanos en un terreno desconocido. Se sigue insitiendo en la calidad y prestigio de los contructores europeos, pero la verdad es que lo que llega de fuera no tiene mala pinta.
Las empresas europeas han resultado un gigante que se mueve muy despacio ante
los cambios. Repetir y amortizar era el camino; solo necesitaban hacer más
coches y quejarse de las políticas europeas, pero ha resultado ser un problema.
Lo que llega de China, a pesar de los nuevos
aranceles, está producido por colosales grupos tecnológicos industriales multisectoriales
participados por el gobierno de la mayor economía mundial. De EE. UU. tenemos una
tecnología de fabricación aeroespacial y marketing para gruppies liderado por un
multimillonario que hace robots con IA, lanza cohetes a Marte y llena el espacio
de sus satélites de comunicación y que, además, ahora también participa en el
gobierno de su país. Que podría salir mal...
Ellos, exploran nuevos modelos productivos y de montaje que dejan obsoletos
los sistemas tradicionales. Desarrollan las últimas tecnologías y software de IA, disponen
de los ingenieros y del dinero. Nosotros seguimos pegando puntos de soldadura y
lamentándonos porque no sabemos hacerlo de otra manera.
"La disrupción no era un nuevo producto, sino la humildad de adaptarse"

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