lunes, 20 de abril de 2015

El “pensé que…” contra el PENSAR:


 Es muy común entre directivos de empresa la idea de que los trabajadores (y los mandos intermedios) no tienen capacidad para pensar... y además no están en el trabajo para eso, sino para rendir en su trabajo, hacer horas, producir...

Mas bien, a veces, ocurre lo contrario. Parece que somos nosotros los que no sabemos pensar, puesto que hacer que nuestros colaboradores se conviertan en una especie de  robots lo único que nos aporta es más trabajo para nosotros, veamos.

Es curioso pensar cómo los esfuerzos que se están realizando, actualmente, en el desarrollo de la inteligencia artificial están precisamente encaminados a que las máquinas piensen y tomen decisiones, pudiendo dedicar nosotros el tiempo a otras tareas más afines a nuestros intereses, gustos o necesidades. Los robots frenan por nosotros, nos avisan si nos salimos del carril, mantienen la distancia de seguridad, abren y cierran las ventanas, gestionan las luces y la calefacción o alertan de problemas de calidad en la producción. La automatización es posible en determinadas actividades donde es "sencillo" decidir y necesaria donde se requiere un gran esfuerzo físico, una gran concentración o por estar expuestos a un riesgo.
Queriendo replicar estos comportamientos le “espetamos” a nuestros trabajadores que no están aquí para pensar sino para cumplir los procedimientos, las órdenes. No entendemos como como es posible que habiendo  hecho nosotros los procedimientos cuidadosamente y habiendo formado a los trabajadores, que estos no acaben de entenderlos y respetarlos tomando erróneamente la iniciativa y creando problemas,

Creemos que no saben nada y que lo único que entienden es  seguir adelante sin mirar a los lados. 

Por eso debemos estar constantemente en vigilia, verificando su trabajo para que no se desvíen y precisamente por eso el primer error que cometemos es es hablar de ellos y nosotros; somos un equipo y debemos actuar como tal, no enfrentarnos ni competir, sino escucharnos y ayudarnos. El segundo error es pensar que nuestros colaboradores no conocen ni entienden el proceso porque no han estudiado una carrera o no tienen una visión general del proceso.
El tercer error y el peor de todos es pensar que no pueden pensar. Gastamos miles de millones en el desarrollo de tecnologías que piensen por nosotros y luego desaprovechamos una tecnología claramente superior, estando ya implantada y siendo gratuita, en nuestras empresas. Substituir la mente humana por un PLC o el último grito en lógica difusa no parece lo mejor ante la toma de decisiones complejas o en ambientes que necesitan de flexibilidad, creatividad e imaginación.

Luego, ahora tenemos a una persona que acaba de cometer un error y nos dice: “pensé que…” pero la verdad es que no pensó, ese es el problema, si hubiese podido “pensar” probablemente no hubiera cometido el fallo porque lo hubiera solucionado antes, nos hubiese informado de que el procedimiento tiene un fallo o no se entiende. Hubiéramos sabido aprender de esta persona la manera de hacerlo mejor y le hubiésemos dado las herramientas para resolver el problema.

Aprendamos que todos somos personas que “pensamos” y que esto nos convertirá en un equipo más fuerte y nos descargará a unos de tareas que no nos corresponden para abordar obras más "dignas" y productivas para la empresa y daremos a otros la capacidad de sentirse útiles y generar mejoras en los procesos y la calidad.


Un saludo.
Os leo.

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